Hemos construido un sistema que nos persuade a gastar dinero que no tenemos, en cosas que no necesitamos, para crear impresiones que no durarán, en personas que no nos importan.
Emile Henry Gauvreay
Por suerte la llegada de Internet me ha permitido bajar un poco el volumen de éstos últimos y el costo que ello implica, aunque con los libros la cosa no es tan fácil. Me sigue gustando sostenerlos entre mis manos mientras los leo y me inculcaron que los mismos no se regalan, tiran o venden. ¿Qué puedo hacer?.
Sin lugar a duda eso habla de mi edad pues provengo de una era, allá por los ´60, en que la sociedad argentina estaba más interesada en disfrutar de la bonanza dispensando algo de tiempo en la cultura general, aunque se tratara de la Pop o alguna vertiente lisérgica.
PodÃamos dedicarnos a meditar sobre la vida o hacer filosofÃa de entre casa, ya que las necesidades básicas estaban ampliamente cubiertas por una sociedad industrializada que daba trabajo a casi todos.
En esa época cuando usted entraba en una casa siempre veÃa una biblioteca junto a un wincofón.
Hoy no, y no porque el Winco haya sido desplazado por el MP3. Es otra la causa.
Cuentan que hasta el año 75 los argentinos no tenÃamos ningún interés en la acumulación de dólares. Incluso el Pocho se habÃa preguntado y nos habÃa preguntado si alguno habÃa visto alguna vez un verde.
Pero con la introducción del liberalismo en nuestras pampas allá cuando Celestino nos embarcó en el baile en el que nada alcanza, comenzamos a pensar en el dÃa a dÃa y a tratar de prevenir el futuro que se cernÃa sobre nuestras cabezas como una nube negra que no dejaba ver las estrellas. Dejamos de filosofar al pedo y el Estado comenzó a mantener nuestras testas ocupadas en cosas más terrenales, es decir, pensando en cómo podÃamos hacer más dinero o por lo menos menos no morirnos de hambre.
En la medida que esta cultura del tener y satisfacer hoy sin mirar el mañana, porque tal vez sea tarde, se fue comiendo a la cultura del ser, y las bibliotecas hogareñas dieron paso a la decoración minimalista de grandes espacios abiertos y decoración deshumanizada. Toda una simbologÃa.
Dormitorios de 8 x 8 mts con apenas dos mesas de luz y una cama; livings con una mesa ratona y dos sofás, todo blanco o todo negro, o si se es muy jugado a lunares negros y blancos o en damero para variar.
Asà se fueron comiendo nuestros cerebros, perdiendo el espacio dedicado a la cultura para reemplazarlo por un vacÃo consumista que apenas llega a fin de mes con las cinco tarjetas en rojo y una insatisfacción galopante.
Ostentar riquezas no está bien, estoy de acuerdo, ostentar cultura tampoco. Tener ambas en su justa medida y administrarlas con sabidurÃa era la meta de cualquier argentino bien nacido de antaño. Pero la actualidad tiene otras normas y ser culto y contar con un buen pasar, parecen ser incompatibles, pasando a conformar una utopÃa claramente representativa de los tiempos que nos tocan vivir.
Mejor me voy a leer un buen libro.
Taluego.
Ostentar riquezas no está bien, estoy de acuerdo, ostentar cultura tampoco. Tener ambas en su justa medida y administrarlas con sabidurÃa era la meta de cualquier argentino bien nacido de antaño. Pero la actualidad tiene otras normas y ser culto y contar con un buen pasar, parecen ser incompatibles, pasando a conformar una utopÃa claramente representativa de los tiempos que nos tocan vivir.
Mejor me voy a leer un buen libro.
Taluego.




No me diga que no tiene alpargatas?
ResponderEliminarDon SAL. Muy ocurrente. No se me habÃa ocurrido.
EliminarIgual, alpargatas tengo y encima vivo cerca de la fábrica (cerrada recientemente)
Asà que ando con Alpargatas y libros también ;)
Un abrazo.
Llegado el caso, podrÃais abrir las puertas y compartir vuestra biblioteca. Gracias por traer el nombre (Emile Henry Gauvreay) Si pudiéramos trabajar mientras dormmimos tendrÃamos tiempo para todo.
ResponderEliminarUn abrazo
Doña Jonhan. Aunque usted no lo crea dejé de compartir mis libros hace muchos años. No sé si es una costumbre argentina o cunde en el mundo el mal ejemplo, pero aquà hay mucha gente que se jacta de nunca devolver los libros que le han prestado. Y lo dicen con orgullo. Luego de reiteradas pérdidas que me obligaron a reposiciones onerosas, se cerró la biblioteca hasta para los amigos.
EliminarVoy a pensar eso de trabajar mientras duermo. Me ha gustado la idea ;)
Cariños y gracias por pasar.
El mas rico no es quien mas tiene, sino quien menos necesita.
ResponderEliminarOiga, que pasa que el "dotor" no publica?
Son tiempos de miseria, estos.
Un abrazo.
(tengo problemas de conexion, por eso aparezco menos)
Don Gaucho. Como los Gitanos, quien está más liviano de equipaje es quien es más dueño de su destino. Pero yo ya tengo una historia a cuestas y no la puedo tirar.
EliminarCon respecto al "dotor" deberá preguntarle usted mismo por qué deja sus textos inconclusos, o lo que es lo mismo, imposibles de publicar ;)
Un abrazo y suerte con la búsqueda.