Todo se agolpa y apretuja en un momento. EsforzƔndose para entrar en tan poco espacio. En un instante tan solo de mi tiempo.
Frente a mĆ comienzan a formarse imĆ”genes de contornos aĆŗn difuminados. Bordes fuera de foco imposibles de reparar que ondulan desafiando las leyes de la fĆsica.
Como en un caldo de cultivo primigenio veo pasar partĆculas que se arrastran movidas por vientos inexistentes que juegan con ellas como hojarasca de otoƱo. LuciĆ©rnagas sin vida propia, que se encienden y apagan interceptando los haces de luz.
La vista se aclara y emerge una forma conocida, una puerta, una planta, la claridad fraccionada por las rendijas de una cortina americana alejada de mi campo visual.
Alguien acaba de salir. La puerta frente a mĆ estĆ” cerrĆ”ndose lentamente frenada por mecanismos neumĆ”ticos que la dominan y retrasan indefinidamente. Un letrero borroso aĆŗn por las nubes que opacan mis ojos, no me deja leer el mensaje que contiene, sujeto a los destinos del balanceo resultante del abre y cierra cotidiano. PequeƱas burbujas de placidez parecen rodearme como un colchón traslĆŗcido que protegiera cualquier tipo de fragilidad existente. HacĆa mucho tiempo que no me sentĆa tan leve, sin los continuos dolores resultantes del peso de los excesos acumulados y que debo pagar cada dĆa a precios mĆ”s caros.
El cigarrillo deberĆa estar ahora entre mis labios, primera fase ineludible de la rutina de cada maƱana al despertar. AĆŗn antes de poner un pie fuera de la cama siquiera. Pero hoy no, no siento esa dependiente necesidad que calma mis nervios y altera los de los demĆ”s. Ese vicio malherido por constantes intentos de ser vencido, parece haberse acallado y ya no tener intenciones de molestar.
Nada de apetito, ni voluntad de salir corriendo de este reposo para ir a orinar.
Casi dirĆa que el paraĆso ha retornado a mĆ una vez mĆ”s. Cual de niƱo. Retozar sin pausa; sin requerimientos, urgencias, u obligaciones que lo pudieran evitar. Dejarme llevar en los brazos del dios del sueƱo, aquel que nos mima en la vida casi por la mitad. DueƱo del paĆs de lo posible, de las pesadillas de mentira y los sueƱos abonadores de esperanzas.
La puerta otra vez. Su vaivĆ©n delata en movimientos la llegada o partida de alguien mĆ”s. Debo estar soƱando, de lo contrario lo habrĆa visto pasar. Pero no, solo veo el oscilar del cartel sobre la puerta que no deja leer su mensaje y lanza rayos de luz intermitentes hacia un potus abandonado, que bajo las rayas de sombra de la ventana americana, intenta crecer un poco mĆ”s estirĆ”ndose sin fin hacia las mismas lĆneas delicadas pero, en su preferencia, plenas de luz.
DeberĆa levantarme, darme una ducha y lavarme los dientes, bajar a desayunar, salir al trabajo. Reiterar una tras otra todas las rutinas que cada dĆa ocurren con solución de continuidad.
ReĆŗno toda mi voluntad y lo intento.
Nada pasa. Tal vez ya no soy tan tozudo como antes. Tal vez ya no domino los disparadores ocultos de mi propia voluntad.
Una sombra blanca aparece en el borde de mi retina. Lo escucho murmurar.
-HabrĆa que pedir mĆ”s muestras…
No logro escuchar mƔs, un cono de silencio parece encerrarme en una burbuja de cristal. Las informaciones comienzan a llegarme fraccionadas. La placidez comienza a abandonarme y la duda se establece como residente permanente de esta vecindad.
…dos frascos mĆ”s… dextrosa con electrolitos…sĆŗbale el goteo…
Un terror inaudito me invade sĆŗbitamente. De intentar gritar lo harĆa con todas mis fuerzas. Sólo que lo estoy haciendo pero nada se escucha. La información fraccionada que me llega no me deja duda. Debo estar internado, enfermo, sedado, dopado. Victima de alguna enfermedad sorpresiva que impide que en mi memoria encuentre registros de cualquier agonĆa preliminar.
Intento moverme, incluso hablar. Preguntarle a aquellas sombras blancas de quƩ se trata todo esto, de si me voy a recuperar. Tal vez noqueado por drogas blandas, por morfina, o quien sabe que otra cosa, me es imposible articular palabras, coordinar movimientos, hacer seƱas. Decirles que estoy vivo atento y escuchando. Que hay esperanzas, que no dejen de luchar por mi bienestar.
Pasan las horas, el tiempo amansa la angustia y veo que solo es paciencia lo que resta, que hay que saber dominar a esa arpĆa asesina y simplemente esperar.
Mastico la idea de lo benĆ©fico del darme cuenta, de estar consciente, de haber recuperado al menos una mitad. La otra, bueno, veremos. Con rehabilitación y esfuerzo, el cariƱo de los mĆos y un poco de voluntad, seguramente volverĆ© a disfrutar esas pequeƱas cosas que tanto gozo me dan.
Escuchar el susurro de las hojas en el viento identificando a cada una en particular, como si me hablaran de su alegrĆa al poder alimentar al mundo con sus alientos de vida. El dulce gorjeo de los pĆ”jaros al despertar reclamando mis tĆmpanos con exclusividad, los olores del cĆ©sped reciĆ©n cortado recorriendo todos los conductos hasta dar impulso al viejo mĆŗsculo de la emoción, de un asado chisporroteando grasas, ahumando ladrillos cansados de tanto calor de hogar, de la ropa de cama secada al sol con zumbidos de avispas sin aguijón. Los sonidos del un mar embravecido acariciando las rocas, de la montaƱa en una tempestad de vientos encajonados en valles cerrados, del desierto arrasado por tormentas de arena que pulen mis ojos hasta hacerlos brillar. En resumen: la vida tal como se me suele manifestar.
La puerta se bambolea y un hombre de bata azul entra con un carrito de hospital. Tal vez una merienda, un desayuno, almuerzo o cena que yo no podrĆa degustar aunque supiera en que hora del dĆa me encuentro.
El cartel sigue bamboleĆ”ndose una y otra vez sin dejarse leer. ¿DirĆ” Terapia Intermedia? ¿Terapia Intensiva? ¿CuĆ”l serĆ” mi nivel de gravedad? Sedado en post operatorio serĆa una grata…
Un dedo.
SĆ, he movido un dedo. ¿Lo habrĆ”n visto? No sĆ©, fue como un reflejo, asĆ, de repente.
! QuĆ© maravilla ¡ Un claro indicio de mejorĆa, sin lugar a dudas. Ahora debo poner todo mi esfuerzo en mover ese dedo. Por ahora solo Ć©se. Tarde o temprano un mĆ©dico lo verĆ” y serĆ” como en las pelĆculas. Todos riendo en un final feliz con victoriosa mĆŗsica de fondo.
Concentración. Si, un, dos, tres…Si, ahĆ estĆ” otra vez. ¿Lo vieron? ¿Hay alguien? Por dios ¿quĆ©? ¿no ven que tengo motricidad? ¿En quĆ© facultad se han recibido que no pueden darse cuenta que estoy activo y alerta?
¡!Pelotudos en guardapolvo y la reverenda puta madre que los parió¡!
Tranquilo, no debo angustiarme. Nada de esto me podrÔ beneficiar. Ya se darÔn cuenta, es cuestión de ponerle voluntad y un poco de esfuerzo.
Total, no tengo nada mejor que hacer.
¿SerĆ” de noche? AhĆ pasó otro. Ese era de blanco. Se ve que los de blanco son mĆ©dicos y los de celeste son maestranzas o enfermeros. AhĆ pasó un enfermero. ¡CuĆ”nta actividad¡ Seguro se van a dar cuenta. AhĆ movĆ el dedo una vez mĆ”s. ¿QuĆ© les pasa que no lo ven? AhĆ va otra.
Ćse. Si ese doctor lo vio, seguro. No tiene cara de muy despierto, pero no importa. Si, efectivamente, ahĆ se acerca con un otoscopio. Probablemente me va a mirar el fondo de ojo y se va a dar cuenta que tambiĆ©n tengo movilidad en mis pupilas.
AsĆ es, este va a ser el dĆa mĆ”s feliz de mi vida. Salir del Coma debe ser como nacer de nuevo. Me ilumina. El cartelito de la puerta se mueve sin cesar. Se ve que hay gente corriendo para dar la buena noticia.
El médico se acerca y noto que se coloca sus anteojos de leer, dirige el haz de luz de su otoscopio hacia mà y logro observar con sorpresa que en el cristal de sus lentes, como en un espejo, se refleja la imagen que brilla ante sus ojos.
Veo mi cara, tal vez un poco mĆ”s que demacrada, con una banda adhesiva pegada en la frente que muestra una inscripción en cursiva, reflejada en forma inversa, como si Leonardo mismo hubiera escrito en los cristales ese mensaje exclusivamente para mĆ. Me cuesta descifrarlo. No es fĆ”cil. Saco su foto mentalmente y la invierto en las marismas de mis sinapsis. Aparece una frase conocida, olvidada tal vez en algĆŗn aparador del tiempo:
“Yo fui lo que tĆŗ eres, tĆŗ serĆ”s lo que yo soy”…
Misteriosamente el cartel de la puerta deja de oscilar, insospechada interrupción del tiempo y del espacio, mi vista al fin se ha aclarado y puedo leer al menos un borroso “Museo de Anato …
!MatĆas¡ Este frasco estĆ” filtrando…DejĆ”…seguĆ con eso…te lo relleno yo…
Recuerdo esta imagen repetida. Tal vez han sido miles de veces. Es un pequeƱo milagro bizarro que me persigue.
Ahora las nubes opacan mis ojos gradualmente y me arrastran hacia aquƩl largo y oscuro letargo, mientras un fuerte aroma a Wasabi sube raudamente por mis fosas nasales una vez mƔs.
OPin
Buenos Aires 2010
© Copyright 2010
Luces a la gran luz - obra de Vastasimon
© Copyright 2010
Once Cuentos sin Rumbo
ISBN 987-43-8446-9Luces a la gran luz - obra de Vastasimon

Despuès de viajar en el autito amarillo y no ver dos en un burro, intentè con el rojo que me llevó a la mier-coles y al fin vine a pata.
ResponderEliminarEscibo esta larga introducción tratando de hallar alguna palabra que describa lo que siento.
Impresionante!Creo que esa se acerca.
Me hago cargo, esto tiene que ver con una historia mĆa y muy fuerte.
Por hoy me despido.
Besos
Cantares: Ha tenido el "honor" de inaugurar este blog en el Ɣrea de comentarios reciƩn habilitada.
ResponderEliminarEspero que no le haya parecido de muy mal gusto ni truculento, tenĆa que ser un relato fantĆ”stico.
Gracias por leerlo y comentar.
Noooooooooooooooooo
ResponderEliminarNi de malgusto, ni truculento, es buenĆsimo!
Que a mi me resulte particularmente impresionante es un tema aparte.
Creo que esperaba un tema gracioso,no se.
El cuento tiene clima y la historia es atrapante.
Gracias!!! no se preocupe
Besos
Excelente,bien narrado, original. Utiliza ese aroma que alerta del fuego a los que no oyen el crepitar de las llamas.
ResponderEliminarUn desenlace inesperado,como el interior del sushi, que rodeado de arroz esconde el regalo final.
Felicidades muy sinceras, y no me vuelva a hablar de metodos de escritura, o romperemos nuestra recien inaugurada relación :-), es ud, un maestro.
Un abrazo sin alertas
hola. buen cuento, che.
ResponderEliminarun poco terrorƬfico, pero el tipo ya estaba acostumbrado.
Ni para terapia, le dio. Se despertò en el museo.
bien escrito.
Un abrazo.
DoƱa Cantares: Me alegro que todo ande mejorando. Le mando un cariƱo grande.
ResponderEliminarDoƱa Noah: Gracias por los cumplidos, pero a mi me resulta un tanto "clase B" con Vincent Price revolviendo frascos. Ojo, que Vincent Price tambiƩn me gustaba.
CariƱos y gracias por leerlo.
Don Gaucho: Pobre hombre, es una tortura obligarlo a leer esto. Con todos los blogs que tiene que leer por dĆa, yo le vengo con estas cosas largas con letras chiquitas. Ya estoy analizando la mejor manera de ampliar la letras en este Template. Es medio complicado pero estĆ” bueno.
Gracias por tomarse el tiempo para leerlo y comentar.
Un abrazo.
Soy muy ignorante, no se quien es Vicent Pride, pero su cuento me gustó, con frascos, con aromas y batas blancas.
ResponderEliminarfelicidades una vez mƔs.
Doña Noah: Creo que la última aparición de Vincent Price fue con Jonny Deep en el "Joven manos de Tijera" de Tim Burton (era el padre).
ResponderEliminarAntes de esto fue el mejor actor (y buen mozo) en las pelĆculas clase B de terror.
Usted no tiene porque conocerlo (pero a Jonny Deep si)
CariƱos.
Desde aqui, tambien quiero felicitarle por ese premio al mejor cuento, y mandarle un abrazo sincero y cƔlido.
ResponderEliminarSi, a Jonny Deep, le conozco,ibamos juntos a la escuela :-)(no vi manos de tijera).
FELICITACIONES querido OP!
ResponderEliminarLe salió redondo(con julepe y todo). Otro talento para seguir participando, haga los ajustes que quiera pero no deje de contar. Ud puede.
UN BRAVO GRANDOTE!!!
CariƱos
Doña Mónica: Gracias por pasar a leerlo. Voy a dejarlos descansar un tiempo asà no los agoto. Un Cariño
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